De Gimnasia para el mundo
Todas las personas construyen identidad, es algo inherente al ser humano. Es lo que lo diferencia del otro, lo que lo vuelve único y particular, lo que lo destaca por sobre el resto.
Por Facundo Flores Carrilho
Entendemos la identidad como
un proceso de auto y hetero reconocimiento, formada en relación a otras
identidades mediante luchas y contradicciones, que necesita imperiosamente del
reconocimiento social y cuya principal característica es la distinción1. En este camino de auto y hetero
reconocimiento, los murales funcionan como formadores de identidad y pertenencia en las personas que lo
realizan, posicionando al individuo en un lugar determinado dentro de un
imaginario en la sociedad, frente a la vista de los demás sujetos.
Al hacer públicos sus
sentimientos, rompen con la planificación urbana de la ciudad e interpelan al
ciudadano, luchando contra la hegemonía establecida como poder dominante que
ejerce la Municipalidad. Así, intenta imponer su mirada acerca del club y los
que ellos (los realizadores) sienten por el mismo. En los dibujos, pueden verse
como elementos repetidos la figura de un lobo, el escudo de Gimnasia y las
palabras “pueblo”, “sentimiento”, “tripero”, “pasión”, “bosque”, todos símbolos
que explican la relación club-hinchas, hinchas-barrio, club-pueblo. Esto
demuestra no sólo la popularidad que los hinchas le atribuyen al club como
símbolo de los barrios de clase baja, sino también el sentimiento y la pasión.
Barrio tripero
Otra manifestación que
acarrean consigo los murales, es la de marcar al lugar donde se realizan como
territorio propio. Cada pintada está puesta no de manera aleatoria, sino que su
sólo posicionamiento en la ciudad proporciona una perfecta demostración de
poder territorial. No por nada, el bosque, el barrio El Mondongo y la zona de
Plaza Rocha son los espacios donde se encuentran los murales. Aquí, se ve de
manifiesto la imposición de los hinchas de catalogar al barrio como “tripero”,
de exponer que allí “mandan ellos” y es su territorio.
La relación-barrio club es
conflictiva y está en constante disputa ya que nunca hay una única visión, pero
sí siempre una hegemónica. Los murales son una manera de alertar al ciudadano
del lugar por donde se transita, de demostrarle que allí “copa Gimnasia” y que
cualquier postura alternativa será mal vista.
Acá mando yo
La práctica de los murales
también permite visualizar una postura de acuerdo a lo que es la hegemonía
dominante en el lugar. Si yo pinto donde antes sólo había parel en blanco,
estoy disputando el campo simbólico de la ciudad, de esa pequeña porción al
menos, con la mirada tradicional que existía previamente.
La hegemonía, explica Raymond Williams, es un “entramado de
prácticas históricamente situadas como fenómeno constitutivo de procesos
hegemónicos de construcción de sentidos producido/reproducido en las prácticas
concretas ejercidas en y por la sociedad”.Esta hegemonía, a su vez, está
formada mediante disputas entre las clases dominantes y las dominadas, en una
relación (desigual) de constante negociación.
Así vistos, los murales desafían al poder establecido para aportar otra
mirada, una alternativa, quizás en parte contrahegemónica, de combatir el poder
simbólico que ostenta el planeamiento urbano pensado desde la Municipalidad y
la opacidad de las paredes de la ciudad.
El ser humano es un ser
simbólico, produce y reproduce contantemente símbolos a través de sus acciones.
Los murales, son un ejemplo de romper con lo establecido, de tratar de imponer
otra mirada que no sea la dominante y darle así visibilidad a algo alternativo.
Acá se negocia con la cultura dominante para lograr un espacio para lo popular.
Las pintadas, intentan marcar en sus zonas de influencia (el barrio) la postura
de “acá mando yo”, tratando de formar una hegemonía alternativa que de cuenta
del poder de los hinchas de Gimnasia en ese territorio. Estos intentan que su
idea del mundo sea valorada positivamente por las personas del barrio para conseguir legitimidad y consenso.
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