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domingo, 10 de noviembre de 2013

Tripero soy

De Gimnasia para el mundo

Todas las personas construyen identidad, es algo inherente al ser humano. Es lo que lo diferencia del otro, lo que lo vuelve único y particular, lo que lo destaca por sobre el resto. 


Por Facundo Flores Carrilho

Los murales de Plaza Rocha, barrio El Mondongo o del Bosque son, para los hinchas de Gimnasia que los realizan, una manera de manifestarse hacia el exterior de su persona, de demostrar a los demás su posicionamiento hacia el mundo; de reforzar su identidad.

Entendemos la identidad como un proceso de auto y hetero reconocimiento, formada en relación a otras identidades mediante luchas y contradicciones, que necesita imperiosamente del reconocimiento social y cuya principal característica es la distinción1.  En este camino de auto y hetero reconocimiento, los murales funcionan como formadores de identidad  y pertenencia en las personas que lo realizan, posicionando al individuo en un lugar determinado dentro de un imaginario en la sociedad, frente a la vista de los demás sujetos.

Al hacer públicos sus sentimientos, rompen con la planificación urbana de la ciudad e interpelan al ciudadano, luchando contra la hegemonía establecida como poder dominante que ejerce la Municipalidad. Así, intenta imponer su mirada acerca del club y los que ellos (los realizadores) sienten por el mismo. En los dibujos, pueden verse como elementos repetidos la figura de un lobo, el escudo de Gimnasia y las palabras “pueblo”, “sentimiento”, “tripero”, “pasión”, “bosque”, todos símbolos que explican la relación club-hinchas, hinchas-barrio, club-pueblo. Esto demuestra no sólo la popularidad que los hinchas le atribuyen al club como símbolo de los barrios de clase baja, sino también el sentimiento y la pasión.

­Barrio tripero

Otra manifestación que acarrean consigo los murales, es la de marcar al lugar donde se realizan como territorio propio. Cada pintada está puesta no de manera aleatoria, sino que su sólo posicionamiento en la ciudad proporciona una perfecta demostración de poder territorial. No por nada, el bosque, el barrio El Mondongo y la zona de Plaza Rocha son los espacios donde se encuentran los murales. Aquí, se ve de manifiesto la imposición de los hinchas de catalogar al barrio como “tripero”, de exponer que allí “mandan ellos” y es su territorio.

La relación-barrio club es conflictiva y está en constante disputa ya que nunca hay una única visión, pero sí siempre una hegemónica. Los murales son una manera de alertar al ciudadano del lugar por donde se transita, de demostrarle que allí “copa Gimnasia” y que cualquier postura alternativa será mal vista.

Acá mando yo

La práctica de los murales también permite visualizar una postura de acuerdo a lo que es la hegemonía dominante en el lugar. Si yo pinto donde antes sólo había parel en blanco, estoy disputando el campo simbólico de la ciudad, de esa pequeña porción al menos, con la mirada tradicional que existía previamente.

La hegemonía, explica  Raymond Williams, es un “entramado de prácticas históricamente situadas como fenómeno constitutivo de procesos hegemónicos de construcción de sentidos producido/reproducido en las prácticas concretas ejercidas en y por la sociedad”.Esta hegemonía, a su vez, está formada mediante disputas entre las clases dominantes y las dominadas, en una relación (desigual) de constante negociación.  Así vistos, los murales desafían al poder establecido para aportar otra mirada, una alternativa, quizás en parte contrahegemónica, de combatir el poder simbólico que ostenta el planeamiento urbano pensado desde la Municipalidad y la opacidad de las paredes de la ciudad.

El ser humano es un ser simbólico, produce y reproduce contantemente símbolos a través de sus acciones. Los murales, son un ejemplo de romper con lo establecido, de tratar de imponer otra mirada que no sea la dominante y darle así visibilidad a algo alternativo. Acá se negocia con la cultura dominante para lograr un espacio para lo popular. Las pintadas, intentan marcar en sus zonas de influencia (el barrio) la postura de “acá mando yo”, tratando de formar una hegemonía alternativa que de cuenta del poder de los hinchas de Gimnasia en ese territorio. Estos intentan que su idea del mundo sea valorada positivamente por las personas del barrio para  conseguir legitimidad y consenso.









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